Vientos del sur.
Todos tenemos un fetiche. Un lugar o una canción, o algo que nos renueva la fé. Los tenemos guardados por allí, y los utilizamos de poco en poco... simplemente por que el hedonismo es un opción que puede ser entretenida, pero es como una droga dura: empiezas a destruir el mundo por el placer.
Este fin de semana ha sido de estar escuchando música en la madrugada mientras mis amigos duermen plácidamente o caminar en calles nuevas, en cielos distintos, sin preocuparme en la vida normal.
Estos meses han sido de reventarme, en todos los aspectos. Reventarte trabajando de madrugadas sin almorzar, desayunando con montañas de libros alrededor, con horarios calculados sin margenes de error. Conspirando contra la rutina... con Waits y Cohen en el Ipod, reventándome la cabeza con leyes, Orianna Fallacci y red bull, para matar las penas, para sostener la cordura, para cantar rock and roll.
Llego a casa, y el correo esta repleto de cosas de la oficina, de papeles y cosas que hacer, y la agenda parece una carnicería mientras las fechas límites se acercan a números rojos.
Aunque los vientos del sur ayudan. Solo caminar por asfalto nuevo, empapado, a day late, dollar short... a nighthawk under a jaggermeister sky, d
Siempre hay una oportunidad de empezar de nuevo, de alejarse de los pasados posibles, de los futuros aburridos, de las puertas siempre abiertas, de sólo vivir la belleza del instante.
Al menos hoy, al menos no ahora.
Al menos no cuando Dylan dice: Your old road is Rapidly agin'. / Please get out of the new one / If you can't lend your hand ... For the times they are a-changin'.
Say no more
L.



