26/03/08

Camino I

Sarria, 6:30 de la mañana. El tren se para y me bota en medio de la nada gallega. Bueno, no era casi nada.

Al menos me quedaba la via del tren.

En la cafetería, me ponen un sello, me zampo un cafe y una tostada. Y a la puta calle. No vine al Camino para estar bajo techo. Tengo, desde que llegue a España, una enferma adicción a los espacios abiertos. Tengo mucho miedo a estar encerrado.

Llueve a mares. Llueve con olor a sal. Llueve en una ciudad vacía. Gotcha! la primera flecha amarilla. La señal de que encontre el principio de la ruta del pueblo. Solo hay que seguir las flechas hacia el mar. Lo que tenga que ser desde allí será.

Las botas responden. La espalda aguanta la mochila. Mi bastón aguantara el peso?? Hope so. Allman Brothers a toda en los oidos, que aguantan la lluvia con un sombrero. Chubasquero verde con bandera pirata en la espalda.


Nos vamos? Grita la mente.

Vamonos de aquí. Al mar. Larguémonos, chica hacia el mar... ya no puedo darte el corazón.... perdí mi apuesta por el rock and roll.

Kilometros y kilometros. Galicia. En verde y gris y azul, y negro. Cuando empeizas a caminar y te encuentras sólo, la mente empieza a conspirar. El cerebro te envía señales de alarma "Ludo, para. Duele... y no solo por las piermas". Saca esas putas paranoias de la cabeza.... hay demasiado que entender.

Recuerdos, nostalgias. Cosas de un pasado que no va a ser jamás presente de nuevo... decisiones de un zen de la vida cotidiana. Es entenderse a través de desprenderse de todo lo que te puede proteger. Estas tu y la carretera, una boa constrictor que esta bajo tus pies. Son decisiones de aquí. De ahora.


Mientras los pueblos vienen y se van, me ataca una oveja pequeña. Resabiada y loca me siguio berreando por una par de metros.


Portomarin. 30 kilometros después. 2 de la tarde. Dos caídas después. 6 horas sin decir nada a nadie, a más de un "Gracias" por cada conmovedor "Bon Camino" de los ancianitos gallegos, y del resto de peregrinos. No se habla si no se quiere en la ruta. A lavarse. Pero te da por hablarte, por cantarte. Por decirte todas las huevadas que te salen de la cabeza. Por priomera vez en mucho tiempo, te dedicas a ponerle neuronas a cosas que siempre decias "tengo que pensarlo". Cantando canciones de Tierra Santa: Ser quien decida cuantos pasos he de dar /Ser libre para elegir/Si por vivir, no he de ser dueño de mí/Mejor en pie morir.

Llegas al albergue. A comer, a escuchar a la gente. A dormir.

Cuando reduces tu mundo a las cosas más indispensables, encuentars verdades fundamentales sobre que es lo importante por dentro, y que no.

Y la pregunta que todos nos hicimos esa noche, con un vino barato y pan gallego.


Peregrino ¿quién te llama?
¿qué fuerza oculta te atrae?
Ni las gentes del camino,
ni las costumbres rurales,
Todo lo veo al pasar y es un gozo verlo todo.


Más la voz que a mí me llama
la siento más hondo.
La fuerza que a mí me empuja,
la fuerza que a mí me atrae
no sé explicarla ni yo.
Solo el de arriba lo sabe.


Amanece. 5 de la mañana, y ya en la carretera.

Que carajo pasa conmigo??

Que me empuja?

Paz

Ludo